Paseo por Berlín: idle, silenciado.
Berlín está tan repartida que castiga cualquier resumen. Las distancias entre las cosas por las que se va son largas, y lo que hay en medio es la ciudad de verdad: calles anchas, solares donde antes había edificios, patios interiores, seis carriles de tranvía y bici. Andarla es lento y el paisaje cambia menos que en un casco antiguo denso, y justo por eso funciona como ventana: la ciudad se revela por acumulación, no por llegada.