Paseo por París: idle, silenciado.
París es raramente uniforme a pie de calle, y ahí está la gracia de recorrerla. Los edificios mantienen la misma altura durante kilómetros, las aceras siguen siendo anchas y el interés viene de lo que hace la gente encima: las mesas que se comen el bordillo, la cola de una panadería, cómo un bulevar se vacía y se vuelve a llenar según la luz. Estos recorridos se quedan a pie y en la acera, sin narración, así que el ritmo es el de la ciudad y no el de un montaje.