Paseo por Lisboa: idle, silenciado.
Lisboa es una ciudad de pendientes y al andarla se nota enseguida. La Baixa es plana, reticulada y tranquila; una calle más allá ya estás subiendo una callejuela con escalones, ropa tendida encima y un tranvía que pasa a un palmo del hombro. Hasta el suelo forma parte del asunto: caliza pulida que brilla con la luz y resbala con la lluvia. Estos recorridos suben a pie en vez de cortar arriba, que es la versión honesta de lo que la ciudad te pide.