Paseo por Roma: idle, silenciado.
Roma no separa sus ruinas de sus recados. Una columna anterior a casi toda Europa está al borde de un aparcamiento; una calle de motos y cafeterías desemboca en algo dos mil años más antiguo sin transición ninguna. Caminar es lo único que hace que eso deje de ser llamativo y pase a ser normal. Estos recorridos se quedan en el centro storico y a ras de acera, así que la ciudad llega en el orden en que se la encuentra quien va a pie, no en el orden en que la pondría una guía.