Paseo por Praga: idle, silenciado.
La ciudad vieja de Praga sobrevivió entera, y eso significa que las calles conservan su ancho original —es decir, muy poco— y que giran lo bastante como para no ver nunca más de cincuenta metros por delante. El paseo es una sucesión de pequeñas revelaciones: la calle tuerce y aparece una plaza, o un puente, o otra calle. Los adoquines están desiguales y se oyen. Al otro lado del río la escala se abre y empieza a subir, y el cambio es brusco.