Paseo por Madrid: idle, silenciado.
Madrid se mide en horas, no en calles. El mismo tramo entre Sol y los barrios viejos lleva oficinistas a las nueve, otra gente distinta a las seis y una tercera a partir de las once, y solo andando se nota el cambio de turno. Los edificios son lo bastante altos como para dejar la calle en sombra casi todo el día, que en esta ciudad es una decisión de supervivencia y no un detalle. Estos recorridos van dentro de la multitud, al ritmo que impone la multitud.